El mapa es un garabato. Cada época es un relato distinto escrito en el suelo y su uso nos habla de nuestra manera de construir lo colectivo. Oleadas de desobediencias se forman en el horizonte urbanizado de una manera orgánica e inevitable. Lógica y ley son ilusiones que surgen debajo de una fuerza mayor. La única regla parece ser la necesidad de pasar por encima de las reglas. Está claro que en esta dimensión el Estado no existe; es un padre ebrio e inmaduro que aparece cuando nadie lo ha llamado, mucho menos las reglas del mercado, estas ni siquiera son de la familia.